Centenario de la madre Cristiana Piccardo: Cien años de luz y sabiduría

Caracas – Septiembre 2025 – Hoy, 25 de septiembre de 2025, celebramos un hito extraordinario: los cien años de vida de mi querida Madre Cristiana Piccardo. Más allá de su impresionante longevidad, conmemoramos un siglo de entrega, sabiduría y guía espiritual que ha iluminado innumerables caminos, incluido el mío y el de la asociación civil Trabajo y Persona.

Una brújula forjada en el monasterio

Para mí, la Madre Cristiana ha sido y sigue siendo una verdadera brújula. Recuerdo con especial claridad la primera vez que la conocí en el sereno entorno del Monasterio Nuestra Señora de Coromoto, en Humocaro Alto. Desde aquel primer encuentro y las profundas conversaciones que le siguieron, su capacidad para discernir los signos de los tiempos, su habilidad para expresarse con una profundidad que llega al alma y su sentido del humor, que alegra el espíritu, dejaron una huella imborrable en mí. Sus palabras sobre la amistad que «cura la soledad» o la invitación a «vivir la amistad» resuenan en mi memoria como verdades esenciales que han modelado mi propia comprensión de la existencia humana y de las relaciones. A pesar de las distancias, su cercanía ha sido una fuente constante de luz y discernimiento.

El valor del «Ora et Labora» en Trabajo y Persona

La impronta de la Madre Cristiana en Trabajo y Persona es innegable. Ella nos ha legado la esencia de la Regla de san Benito, el «Ora et Labora» (Ora y trabaja), que convirtió el trabajo en una vía de santificación y dignidad personal, elevándolo de la condición de tarea esclavizante.

Su enseñanza, que afirma que «el trabajo es el camino de la persona para dar forma a su existencia», va mucho más allá de una simple frase: es la piedra angular de nuestra filosofía. Nos ayudó a comprender que el trabajo bien hecho no es solo una actividad económica, sino una vocación, una forma de dignificación y un medio para que cada individuo se convierta en arquitecto de su propia vida. Esta concepción, nacida en la vida monástica, ha inspirado cada uno de nuestros programas de formación y emprendimiento, y nos ha impulsado a ofrecer herramientas para que las personas no solo subsistan, sino que florezcan y construyan un futuro con sentido y dignidad.

La huella de Picciardo y el surgir de una misión

La Madre Cristina Picciardo inició su ministerio de abadesa en el monasterio de Vitorchiano en 1964. Su trayectoria, marcada por el sacerdote italiano Luigi Giussani, abrazó la vocación trapense centrada en la oración, el trabajo manual y la vida comunitaria.

Guardó un profundo agradecimiento por la relación con Giussani, a quien describe con una humanidad desbordante y una extraordinaria capacidad de amistad. Recuerda especialmente un encuentro, a su vuelta de Collevalenza, en el centro de la península Italiana, donde él supo transmitir su experiencia de Cristo como de una Presencia viva, presente hoy. Para ella, este encuentro significó reencontrar la continuidad con el ímpetu vital que había vivido en la Acción Católica de posguerra, pero expresado con una novedad y una pasión maravillosas.

La comunidad de Vitorchiano experimentó un notable crecimiento, pasando de 63 monjas en 1964 a 90 tres años después. Después surgió la fundación de nuevos monasterios, como el de Valserena, cerca de Livorno, y, en 1973, la primera Trapa en Argentina, seguida de otras fundaciones por todo el mundo. En 1991, la Madre Cristina fue llamada a servir como abadesa en el monasterio de Humocaro, en Venezuela, donde reside actualmente.

Un legado que trasciende el tiempo

Hoy, en este día tan especial en el que celebramos su centenario, la voz de la Madre Cristiana Piccardo resuena con una vigencia particular. En un mundo a menudo fragmentado, su mensaje nos invita a recuperar la trascendencia del trabajo y la riqueza de las relaciones humanas. Nos insta a ser auténticos, perseverantes y a confiar profundamente en el potencial de cada ser humano. Su vida es un testimonio de que la fe, la disciplina y el amor pueden construir legados que perduran a lo largo del tiempo y ofrecen esperanza y sentido incluso en los momentos más difíciles.

Que este centenario sea una oportunidad para que su legado siga inspirando a nuevas generaciones a encontrar en el trabajo, la amistad y la espiritualidad los caminos para dar forma a una vida plena y con sentido.

¡Felices cien años, Madre Cristiana! Gracias por ser y por estar, hoy y siempre.

Alejandro Marius