«San Benito encontró un mundo social y materialmente arruinado, y su misión fue ponerlo otra vez en su lugar, no con la pretensión de hacerlo en un tiempo determinado, sino de un modo calmo, paciente y gradual. Se veían hombres silenciosos en el campo o en el bosque, excavando, desenterrando y construyendo. Ninguno de ellos protestaba por lo que hacía, y poco a poco los bosques pantanosos se fueron convirtiendo en ermita, casa religiosa, granja, abadía, pueblo, seminario, escuela y por último en ciudad.»
— Cardenal John Henry Newman
En julio de 2024 citamos estas palabras por primera vez en estas páginas, hablando del valor del tiempo y la paciencia en la construcción del bien común. Dos años después, en medio de la reconstrucción que Venezuela
vive tras los terremotos del 24 de junio, la imagen de Newman ha dejado de ser una metáfora para convertirse en una descripción literal de lo que estamos viendo.
Maracaibo y Caracas. En estas dos ciudades, mientras el país todavía contaba sus heridas, se realizaron
graduaciones de Gastronomía y Panadería. No fueron actos masivos ni grandes titulares. Fueron algo más importante: hombres y mujeres que, en silencio, tomaron su diploma y volvieron a casa con una herramienta nueva para construir su vida. Cada una de esas ceremonias fue un gesto de fe en el futuro, hecho en el presente más difícil.
A ese mismo espíritu respondió la participación de nuestros egresados en la VI Jornada Mundial de los Abuelos
y los Mayores, organizada por la Santa Sede en este mes de julio. Tuvimos el privilegio de presentar una ponencia y de ver cómo los Cuidadores 360 se movilizaron a lo largo y ancho del país para acompañar a los adultos mayores en este día. En un momento en que los terremotos golpearon con especial dureza a quienes tienen menos movilidad y más vulnerabilidad, el cuidado de los mayores no fue solo una obra de caridad: fue también un recordatorio de que una civilización se mide por cómo trata a sus más frágiles.
Y entre una graduación y otra, el 11 de julio celebramos la fiesta de San Benito Abad, cuyo ora et labora sigue
siendo la brújula más precisa que tenemos. No rezar para descansar del trabajo, ni trabajar para no tener que
rezar, sino entender que ambos son la misma cosa cuando los mueve el amor a Dios. Eso es lo que vimos en
julio: personas que trabajan como si rezaran y cuidan como si construyeran.
Newman describe a los monjes benedictinos como hombres que no protestaban por lo que hacían. No porque
fueran resignados, sino porque sabían que el bien se construye así: tramo a tramo, graduación a graduación,
cuidado a cuidado, sin esperar que nadie lo note. Y eso, en medio de todo, es una buena noticia.
Alejandro Marius